Pastor Guillermo Gonzáles

Lección del Maná

En un día como hoy; cuando hay tanto temor y demasiada incertidumbre, necesitamos comprender que Dios está al control y existe esperanza para todos. Pero ¿Cómo hallar fortaleza y esperanza en medio de esta cuarentena? Pon mucha atención porque este artículo pretende ayudarte y afirmar tu mente en la única solución.

 

En esta oportunidad vamos a hablar de la palabra Maná traducida del hebreo mân y del Arameo mannâ que significa: ¿Qué es esto? La cual confirma dos cosas: “Solo Dios conoce lo que verdaderamente necesitas” y “no conoces lo que verdaderamente necesitas”. Existen referencias en midrashes judíos (traducciones antiguas hechas de investigaciones y vivencias genealógicas  de la Toráh) que el maná tenía el sabor y la apariencia de aquello que uno más deseaba[1]. Sin duda alguna, solamente hasta que los judíos lo probaron pudieron comprobar que era más de lo que ellos podían imaginar, justo lo que tanto deseaban para calmar su necesidad.

 

La carencia de espiritualidad no hace feliz a nadie y por consiguiente es como ese dolor estomacal producido por la falta de alimento; solo el que ha estado un par de días sin comer sabe de qué se le está hablando. Una de las enfermedades más comunes en este tiempo es la gastritis y también la úlcera gástrica provocada por consumir alimentos a deshoras.

 

El hombre tiene necesidad y Dios la quiere suplir; solo que la solución de Dios es diferente a la que el hombre busca. Si usted necesita pagar las deudas  busca dinero, si necesitas salud busca un médico, pero Dios te dice: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.

 

Jesús usó el maná para representar una gran verdad espiritual: "Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. Este es el pan que descendió del cielo, para que todo el que de él come no perezca. Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguien come de él, vivirá eternamente; y el pan que yo daré por la vida del mundo, es mi carne. (Juan 6:48-52).

 

Así como la sangre es formada en el cuerpo a través de la ingestión de alimentos, así Cristo es formado en nuestro interior al comernos la Palabra de Dios, la cual es Su carne y Su sangre (así, el maná, la carne y la sangre, son la Palabra de Dios). Aquel que se alimenta de esa Palabra, tiene a Cristo formado en su interior, la esperanza de la gloria. La Palabra escrita introduce en el investigador la carne y la sangre del Hijo de Dios. ... Así como la necesidad de alimento temporal no puede ser suplida una única vez, así también la Palabra de Dios debe ser comida diariamente para poder suplir las necesidades espirituales…A causa del desgaste y de las pérdidas, el cuerpo debe ser renovado a través de la sangre, que se nutre del alimento diario ingerido. Queda así claro que necesitamos del alimento diario de la Palabra, siendo que su conocimiento es sinónimo de vida eterna. La Palabra tiene que ser nuestra comida y nuestra bebida. Solo en ella el alma encontrará su nutrición y vitalidad.” [2]

 

A continuación, le mostraremos algunos principios o instrucciones fundamentales en relación al consumo del maná:

1. “Recoged de él cada uno según lo que pudiere comer” (V.16). Un gomer, 2 kilos y 200 gramos.

El contexto confirma que fueron los jefes de familia que salieron para recoger maná para sus familias. Ellos no debían recoger más de lo que podrían comer. Tal vez exista una lección aquí. Por si acaso usted ya estuvo en una situación en que el jefe de familia los reunió para el culto familiar. Ya es tarde y los niños están somnolientos, y el padre ya está leyendo por 45 minutos. O tal vez él no esté leyendo tanto tiempo, pero está orando por todo el mundo, y algunos de los niños caen durmiendo sobre sus rodillas. Tal vez el padre quede sorprendido porque nadie demuestra interés en el culto familiar, pero la causa real de tal actitud es otra. Puede ser que con las largas lecturas sin el método adecuado o las largas oraciones, él los ha estado atragantando hasta asfixiarlos. "recoged de esto cada uno según lo que puedan comer".

Pero aun cuando los jefes de familia recogiesen el maná, cuando llegaba el momento de comerlo, cada uno tenía que hacerlo por sí mismo. El bebé tenía que ser alimentado. Pero él era el que tenía que masticar, pasar el alimento y hacer lo que normalmente hacen con la comida los bebes. Él es el que tiene que asimilarlo. Es imposible que alguien pueda vivir la vida espiritual de otra persona. Comer es un asunto personal, privado [3].

 

2. “Ninguno deje nada de ello para mañana. (Cada día).”  (v.19), “Y recogerá diariamente la porción de un día,” (16:4),

La experiencia de ayer no sirve para hoy. La de hoy no va a servir para mañana. La experiencia del trimestre pasado no es adecuada para ahora. Necesitas comer cada día y así como el alimento físico es fundamental todos los días, así también lo es el alimento espiritual, la palabra de Dios.

 

3. “Y lo recogían cada mañana, …; y luego que el sol calentaba, se derretía.” (V.21).

Esta es otra pista. El maná se derretía. Dios lo enviaba para dar fuerza diaria al pueblo. ¿Cuándo necesitamos de fuerza para el día? ¿Al comienzo o cuando el día ya pasó? Uno de los secretos de una comunión significativa y consistente con Dios, es procurarlo en las primeras horas del día, en vez de unos pocos minutos antes de caer en la cama durmiendo, cuando usted no consigue concentrar más sus pensamientos, y se va a dormir orando.

 

Comunión con Dios envuelve mucho más que hacer una lista y verificarla dos veces, para ver si realmente hemos confesado todos nuestros pecados. Una verdadera comunión con El, demanda tiempo invertido en conocerlo, no ocasionalmente, sino tan regularmente como participamos del alimento físico. No apenas un texto para el día con la mano en la manilla de la puerta, para salir; sino estudiar la palabra de Dios tanto tiempo como el que usted gasta comiendo su alimento material. Encuéntrese con Dios por la mañana, cuando el maná aún está entero en el suelo. "Porque cuando el sol calienta, se derrite" [4].

 

Aunque a simple vista parece que la idea principal del contexto no es la hora en que lo recogían sino el hecho de recoger el maná, queda claro que se tenían instrucciones claras para el consumo adecuado de este alimento. Así como un electrodoméstico o cualquier objeto requiere instrucciones para su buen uso; Dios en su inmenso amor  ha dejado un manual de instrucciones para saber cómo aprovechar al máximo su Palabra o comida espiritual. Cada instrucción es sumamente importante y de la atención y práctica que se haga de cada una de ellas, dependerán resultados asombrosos. Una de esas instrucciones en particular me ha llamado mucho la atención y es la del verso 21. El que no se levantaba temprano se quedaba sin desayuno y sin desayuno las otras instrucciones no tendrían sentido.

 

Los siguientes son algunos textos de la Biblia donde se muestra la importancia de encontrarse con Dios en la primera hora de cada mañana.

  1. Me anticipé al alba y clamé; esperé en tu palabra.
    Se anticiparon mis ojos a las vigilias de la noche, para meditar en tus mandatos. Salmos 119:147-148.

  2. Yo amo a los que me aman y me hallan los que temprano me buscan. Proverbios 8:17.

  3. Despertará mañana tras mañana, despertará mi oído para que oiga como los sabios. Isaías 50:4.

  4. ¡Nadie hay que invoque tu nombre, que se despierte para apoyarse en ti! Por eso escondiste de nosotros tu rostro y nos dejaste marchitar en poder de nuestras maldades. Isaías 64:7.

  5. ¡Despierta, alma mía! ¡Despertad, salterio y arpa! ¡Me levantaré de mañana! Salmos 57:8.

  6. ¡Dios, Dios mío eres tú! ¡De madrugada te buscaré! Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela en tierra seca y árida donde no hay aguas, Salmos 63:1.

 

Los héroes de la Biblia que más impresionan por sus proezas y nos gustaría imitar, se levantaban antes que saliera el sol a poner todos sus planes en las manos de Dios.

 

“Conságrate a Dios todas las mañanas; haz de esto tu primer trabajo. Sea tu oración: ¡Tómame, oh Señor!, como enteramente tuyo. Pongo todos mis planes a tus pies. Úsame hoy en tu servicio. Mora conmigo y sea toda mi obra hecha en ti” [5].

Puede ser que alguien diga: “bueno yo no necesito eso. Yo me las arreglo bien sin el Maná". Pero espere un poco. Comer el maná no implica solo que usted tiene hambre, involucra a alguien más aunque usted no se dé cuenta. Hay alguien que está interesado en mantener una comunión con usted. Apocalipsis dice que Él está a la puerta y llama. Más que su hambre, el Creador del universo está llamando a su puerta. Usted cree que no necesita de Él ¡Sin embargo él lo necesita a usted! Usted no lo quiere ¡Pero Él lo quiere a usted!

 

"He aquí que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, cenaré con él y el conmigo" Apocalipsis 3:20. Y él trae consigo el alimento, maná, alimento del Cielo. Alimento de los ángeles. Ojalá que nosotros lo aceptemos hoy, mañana, el día siguiente, y cada día hasta que Jesús venga [6].

 

Le invitamos a hacer una decisión en su vida. Pruebe y vea que el Señor es bueno. ¡Cuán bienaventurado es el hombre que en Él se refugia!  En un momento de crisis como el que vivimos su mejor decisión deber ser la de buscar a Dios porque solo en Él hay esperanza en medio de este caos. Haga un compromiso con Dios como lo hizo Isaías en el Capítulo 26, verso 9. ¡Dios le bendiga!

Visítanos

  • Facebook - White Circle
  • YouTube - White Circle

Escríbenos

Copyright © 2017, Asociación Central de Colombia, ACC, Iglesia Adventista del Séptimo Día I Marca Registrada y Uso de Logo I Aviso Legal