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Hna. Yomaida Veloza

Pilares de la Devoción - Parte 2

El Culto Familiar

 

No es suficiente que el creyente utilice la oración y el estudio de la Biblia en cualquier momento conveniente de su vida diaria, así como en su culto personal, también es necesario que haga uso de estos dones en la realización del culto familiar. Youngberg (1994) expresa:

 

La adoración es el asombro de la criatura al sentir la presencia de su creador. Es que alguien que se siente indigno, muestre respeto y reverencia por Dios. Por medio de ella conocemos a Dios, nos familiarizamos con él como con un amigo y lo adoramos por sus muchos dones, incluyendo el perdón de los pecados. Entramos en una relación de pacto con él. Cuando esto ocurre dentro del círculo de una familia, distingue a esa familia como propiedad de Dios, como sellada y segura en la sangre de Jesús, acercando así a sus miembros a Dios y los unos con los otros… Esto es, en esencia, el culto familiar.” (Corazones en sintonía con Dios, p. 32).

 

A través del culto familiar, el grupo de personas que conforman el hogar se encuentra ante la presencia de Dios y Dios imparte su bendición no sólo individualmente a los que le buscan a diario, sino colectivamente a aquellas familias unidas que comparten juntos este momento especial de adoración.

 

Considerablemente, en muchos hogares no se dedica un tiempo especial para acercarse juntos a Dios mediante el culto familiar. Elena White declara: “Lamento decir que hay gran falta de fervor e interés en las cosas espirituales, de parte de las cabezas de muchas familias. Hay algunos que se encuentran rara vez en la casa de culto. Presentan una excusa, luego otra, y aun otra, por su ausencia; pero la verdadera razón es que su corazón no tiene inclinación religiosa. No cultivan un espíritu de devoción en la familia. No crían a sus hijos en la enseñanza y la admonición del Señor. Esos hombres no son lo que Dios quisiera que fuesen. No tienen relación viva con él… Si pudiesen darse cuenta de cuán ofensiva es su conducta a la vista de Dios, harían un cambio.” (Joyas de los Testimonios T.2 p. 135).

 

La práctica individual de una devoción a Dios enseña al creyente que la salvación de su hogar, en cierta medida, es también su responsabilidad y es por eso que debe realizarse el culto de familia cada día en los hogares en los que haya adoradores del Señor. Es importante que no se descuide el momento devocional de las familias, pues este contribuye a la restitución de las fuerzas para soportar la maldad y la degradación del mundo. White señala: “Si hubo tiempo en el que cada casa debiera ser una casa de oración, es ahora. Predominan la incredulidad y el escepticismo. Abunda la inmoralidad. La corrupción penetra hasta el fondo de las almas y la rebelión contra Dios se manifiesta en la vida de los hombres. Cautivas del pecado, las fuerzas morales quedan sometidas a la tiranía de Satanás. Juguete de sus tentaciones, el hombre va donde lo lleva el jefe de la rebelión, a menos que un brazo poderoso lo socorra.” (Conducción del Niño p. 489).

En el culto familiar no debe descuidarse ni la oración, ni el estudio de la Palabra de Dios, de esta forma los miembros del hogar comprenden cual es la voluntad de Dios y elevan su gratitud al Señor a través de sus oraciones. La misma autora enseña que el culto familiar no debiera ser gobernado por las circunstancias; que el estudio de la Biblia y la oración no debieran ser ocasionales y que no debe haber descuido al hacer esto. A la vez expone que para conservar la experiencia cristiana, “por la noche y por la mañana uníos con vuestros hijos en el culto a Dios, leyendo su Palabra y cantando sus alabanzas” (El Evangelismo, p. 364).

 

La devoción a Dios que se profese en cada uno de los hogares cristianos mediante el culto familiar debe tener un momento especial en el día. White escribe: “En cada familia debería haber una hora fija para el culto matutino y vespertino. Conviene a los padres reunir en derredor suyo a sus hijos... para agradecer al Padre celestial por su protección durante la noche y para pedirle su ayuda y cuidado durante el día.” (Conducción del Niño, p. 492).

 

Es importante que ese momento especial que la familia dedique a diario para el culto del hogar, llegue a convertirse en un altar familiar, por la sagrada obra que allí se está realizando a diario. Elena White muestra que: “La hora del culto familiar debiera ser la más feliz del día. Cuidad de que la lectura de las Escrituras sea bien escogida y sencilla; de que los niños se unan en el canto; y de que las oraciones sean cortas y directas” (Servicio Cristiano, p. 259).

 

Teniendo en cuenta lo anterior, esta autora concluye emitiendo una exhortación a cada uno de los hogares que desean juntos llegar al cielo, aconsejando: “Tengan siempre en cuenta los miembros de cada familia que están íntimamente unidos con el cielo. El Señor tiene un interés especial en la familia de sus hijos terrenales. Los ángeles ofrecen el humo del fragante incienso de las oraciones de los santos. Por lo tanto, en cada familia ascienda hacia el cielo la oración matinal y en la hora fresca de la puesta del sol, preséntense delante de Dios los méritos del Salvador en favor nuestro. Mañana y noche, el universo celestial toma nota de cada familia que ora”. (Conducción del Niño, p. 491).

 

 

Pilares de la devoción

 

La vida devocional eficaz del seguidor de Cristo está demarcada por la utilización de cada uno de estos pilares de la devoción a Dios, la oración, el estudio de la Biblia y el culto familiar, los cuales le permiten compartir una comunión directa con su Creador que ennoblece su carácter y su vida. White diserta: “Debemos tener una experiencia espiritual… Debemos contemplar a Dios… La comunión con Dios ennoblecerá el carácter y la vida. Los hombres verán que hemos estado con Jesús como lo notaron en los primeros discípulos.  Esto comunicará al obrero un poder que ninguna otra cosa puede dar.  No debe permitir que cosa alguna le prive de este poder.” (Eventos de los Últimos Días, p. 307).

 

Estos momentos de devoción ejercen una influencia refinadora y elevadora sobre todos los que participan en ellos. White concluye: “La devoción continua establece una relación tan íntima entre Jesús y su discípulo, que el cristiano llega a ser semejante a Cristo en mente y carácter. Mediante su relación con Cristo, tendrá miras más claras y más amplias. Su discernimiento será más penetrante, su juicio mejor equilibrado. El que anhela servir a Cristo queda tan vivificado por el poder del Sol de justicia, que puede llevar mucho fruto para gloria de Dios” (El Deseado de Todas las Gentes, p. 216).

 

La oración, el estudio de la Biblia, el culto familiar, todos pilares de la devoción de un verdadero cristiano que, utilizados en conjunto en la vida devocional, llevan al creyente a tener una experiencia espiritual en la cual pueda contemplar a Dios.