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Dr. Eider Pérez

El corazón alegre es tu mejor medicina.

Existe un viejo proverbio conocido, anterior a la era cristiana, que conserva su validez a pesar del tiempo, “El corazón alegre hará bien como una medicina; más el espíritu triste seca los huesos” Proverbios 22:17

 

Para tener un panorama general a lo que me quiero referir, quisiera compartirte unos datos para que miremos la problemática a nivel mundial con un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) del 24 de mayo de 2018, donde declara que las principales causas de muerte en el mundo son las enfermedades del corazón (cardiopatía isquémica) y el accidente cerebrovascular (trombosis o ictus cerebral), que ocasionaron 15,2 millones de defunciones en 2016 y han sido las principales causas de mortalidad durante los últimos 15 años1.

 

Las enfermedades del corazón constituyen la primera causa de muerte en los Estados Unidos, América Latina, Europa y en el mundo entero, convirtiéndose en una verdadera epidemia. Cada año, alrededor de 12 millones de personas mueren de infarto de miocardio o accidente cerebrovascular en todo el mundo. Ricos y pobres se ven afectados por igual. La mayoría de la gente piensa que sólo afectan a los varones y mujeres de edad madura, pero cada vez hay más jóvenes y niños que contraen diabetes por tener sobrepeso, lo cual aumenta la probabilidad enfermedades cardiovasculares a edades mas tempranas; por consiguiente, la modificación de su estilo de vida constituye un deber para con nosotros mismos y con nuestros hijos2.

 

Es así, que personas más jóvenes estén siendo fácil presa de los ataques del corazón, de muerte súbita, alteraciones del ritmo cardiaco (arritmias), aumento de la presión arterial, entre otros, porque quizá hemos incluido en nuestro diario vivir actividades o hábitos que ponen triste a nuestro corazón y lo llenamos de una carga y esfuerzo  excesivo que terminan por disminuir su vitalidad.

 

 

¿Qué hábitos podrían entristecer nuestro corazón?

 

  • Comer alimentos ricos en calorías de regular calidad (azucares, postres, gaseosas, comidas rápidas, entre otros).

  • Comer alimentos con gran contenido de grasas (cuero del pollo, cerdo, bagre, chorizos, salchichas, lechona, longaniza, mantequillas, salsas, comidas fritas en general, entre otros).

  • Llevar una vida sedentaria, es decir poco o nada de ejercicio físico.

  • Uso de cigarrillo, bebidas alcohólicas, u otro tipo drogas o sustancias estimulantes.

  • Una vida de preocupación y estrés con exceso de compromisos y trabajo que aumenta la probabilidad de tener ansiedad, estrés, insomnio, entre otras.

  • Y en general otras enfermedades que hacen que nuestro corazón no tenga la funcionalidad adecuada para su trabajo diario como la hipertensión, la diabetes, las alteraciones en los niveles sanguíneos de las grasas (hipercolesterolemia, hipertrigliceridemia) enfermedades de la tiroide, obesidad, entre otros.

 

Todos estos factores contribuyen de manera directa o indirecta a aumentar la destrucción de las capas internas de las arterias (endotelio)  facilitando el depósito de colesterol en las paredes de los vasos sanguíneos, volviéndoles más rígidos (ateroesclerosis) y por consecuencia, obligan al corazón a contraerse con mayor fuerza para llevar aproximadamente 5 litros de sangre a través de 100.000 kilómetros de una “tubería averiada y obstruida”, que se resisten al paso del flujo sanguíneo hacía los órganos haciendo que las células del cuerpo trabajen cada día con un menor aporte de oxígeno y nutrientes para sus funciones vitales.

 

Finalmente, este desbalance se manifiesta en este grupo de enfermedades que como lo mencionamos anteriormente, son la primera causa de muerte y también de la perdida de años de vida saludables.

 

 

¿Qué hacer entonces?

 

El sabio proverbista no tenía los libros de medicina o cirugía que tenemos hoy, ni tampoco el volumen de información que ahora podemos consultar en estadísticas de mortalidad (de qué nos morimos) y morbilidad (de qué nos enfermamos), pero sin lugar a dudas, la ciencia médica hoy en día podría brindar créditos al hecho que “un corazón alegre” hace que el ser humano gocé de mejor y mayor calidad de vida.

 

Me permitiré entonces llevarte al libro que contiene tal sabiduría ancestral como ningún otro, que seguramente nos dará las recomendaciones pertinentes al cuidado de nuestro cuerpo y que ahora son validados por la ciencia.

 

En la Biblia, encontramos que Dios creo al hombre a su imagen y le dio una dieta que le permitiera desarrollar sus facultades físicas y mentales para llevarlo a tener una salud plena: “os doy toda planta que da semilla, que está sobre la tierra, y todo árbol que lleva fruto y da semilla. Esto será vuestro alimento”, Génesis 1:29. Es así, nuestro Creador presentó al hombre el régimen alimenticio ideal para tener vida en abundancia, es decir, tener una dieta rica en verduras, frutas, hortalizas, granos, cereales, semillas, entre otros.

 

Además, aunque no fue el plan original de Dios incluir las carnes dentro de nuestra dieta, Él nos explicó qué tipo de carne de animales se podían consumir (levíticos 11); así mismo, se nos aconsejó una regla con los excesos: “¿hallaste miel? Come lo que te baste, no sea que te hartes de ella, y la vomites, Proverbios 25:16. No es bueno comer mucha miel y en general todo lo que nos pueda llevar a conductas de excesos; este principio aplica a todos los alimentos especialmente a los de alto contenido calórico por sus porcentajes en grasas, carbohidratos, entre otros.

 

“El vino es burlador, y el licor alborotador, el que por ellos se desvía, no es sabio”, Proverbios 20:1. El consejo divino es claro en cuanto al uso de bebidas alcohólicas, que podemos extender a cualquier sustancia que produzca efectos similares.

 

“Ve a la hormiga, oh perezoso, mira sus caminos y sé sabio. Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? Proverbios 6:6, 9. No tenemos referencia de la primera hormiga que se haya muerto por levantarse temprano a caminar, que se haya enfermado por trabajar sistemática y metódicamente. Este es el llamado del Creador. Herramientas tan elementales como la de realizar actividad física por periodos de 30 minutos 3 días a la semana, disminuir el estrés, la organización, los buenos hábitos, nos llevarán a tener vidas realmente en plenitud.

 

Un corazón alegre no es resultado de la casualidad, más bien, es el premio al esfuerzo persistente en cultivar hábitos saludables, tomar conciencia de nuestros hábitos de vida, tener un régimen alimenticio adecuado, para tener una mente sana en un cuerpo sano. Nuestra salud es la interacción y el resultado de la complejidad de todas nuestras decisiones en lo que hacemos y dejamos de hacer, y si queremos y planeamos nuestro bienestar, el resultado será un corazón alegre, que sin lugar a dudas es la mejor medicina que pueda existir.